Desarrollo del empleo local
El 60% de la población tunecina es menor de 30 años y la ejecución de un proyecto de esta envergadura requiere mano de obra en gran escala. Por tanto, las primeras repercusiones positivas favorecerán la economía local, con un crecimiento de la tasa de empleo que, por supuesto, mejorará las condiciones sociales generales.
Este proyecto permite crear un número considerable de empleos. Las cifras oficiales presentan tasas de desempleo muy altas, de las que el 35% corresponde a los jóvenes. Sin embargo, es posible que las cifras reales sean muy superiores, especialmente en el sur del país.
Un proyecto de esta índole podría considerarse también un parámetro de desarrollo para toda la región del Magreb.
Un mar de 6.000 kilómetros cuadrados creará seguramente un microclima, de modo que, una vez finalizado el proyecto, la zona podría contrarrestar eficazmente el fenómeno de la desertificación. La evaporación de las aguas daría lugar a ciclos de lluvia que, con el tiempo, aumentarían la fertilidad del terreno y lo harían apto para la cría de ganado. Esta transformación daría lugar a beneficios económicos y sociales, derivados de la nueva modalidad de explotación de la región, en virtud de los cuales aumentarían la creación de empleos y las oportunidades de desarrollo. 
 
El resultado del proyecto sería una nueva región que rodearía a un mar interior y estaría comunicada con el Mediterráneo. Nacerían así zonas menos áridas en las que se podrían aprovechar las tierras y las aguas para emprender cultivos, cría de ganado, silvicultura, piscicultura, pastos y salinas. La transformación climática que, de hecho, crearía un ambiente húmedo durante todo el año, brindaría la posibilidad de cultivar las tierras cercanas a las orillas en todo el perímetro del chott. Los enormes efectos positivos en materia de empleo son muy evidentes.
 
Túnez es un país fuertemente orientado hacia el turismo, el cual, junto con sus sectores conexos, representa el 20% de los ingresos nacionales. La creación del mar interior daría un impulso muy notable a la industria hotelera y del turismo en toda la región. Amplias zonas costeras se destinarían a la edificación de hoteles, centros vacacionales y puertos para barcos de recreo. El clima especialmente favorable permitiría explotar este destino turístico a lo largo de todo el año. 
 

La creación de un importante centro de desarrollo económico en la costa sur del Mediterráneo también permite controlar la calidad de los flujos migratorios hacia Europa y especialmente hacia Italia. Un proyecto de construcción que necesita miles de trabajadores evidentemente alienta a la población local a quedarse, en lugar de expatriarse para buscar mejores condiciones de vida.

Si bien la realización de “El mar en el Sahara” frenaría la migración hacia el mundo occidental, también favorecería la migración hacia Túnez, que gracias a este proyecto se convertiría en un imán para la mano de obra de toda la región del Maghreb.

Los derechos de emisión de gases de efecto invernadero están establecidos por el Protocolo de Kyoto y son negociables en todo el mundo occidental. El único requisito que debe cumplirse es desalinizar el agua y regar los terrenos que no se hayan utilizado anteriormente con fines agrícolas. Se generaría energía nueva mediante la instalación de paneles fotovoltaicos en tierra y turbinas en el canal. 

Un proyecto con estas características puede reproducirse en zonas geográficamente similares. Por ejemplo en Libia se encuentra un chott morfológicamente comparable al chott tunecino. Cabe señalar que hoy día Libia se caracteriza por una crítica situación geopolítica. El capitán Roudaire también tomó en consideración el chott Melrhrir, de 400 kilómetros de longitud y adyacente a El Jerid pero situado en territorio argelino. Otra posibilidad en este sentido sería la depresión de El Qattara, en Egipto, al sur de Al Alamein.

Posibilidad de reproducir el proyecto
Un frein à la désertification
Impulso a la agricultura y la piscicultura
Turismo y  desarrollo  inmobiliario
Control de la migración
Producción de derechos de emisión (“carbon credits”) y de energía solar e hidráulica 

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